EN EL BOSQUE, TUVE UN ENCUENTRO ALIENÍGENA

Guardian by catswilleatyou

EN EL BOSQUE, TUVE UN ENCUENTRO ALIENÍGENA
en medio de un aquelarre donde pariría una de las madres.

La madre cargaba al niño en el vientre;
nosotras fuimos las chamanas que invocamos los poderes de los árboles danzantes,
y el niño bailó (dentro del vientre) y yo nadé (fuera de él) bajo las estrellas del firmamento cuando el alien llegó.

El alien y yo nos entendimos, nos observamos en el cosmos de sus ojos,
(ojos alienígenas de cientos de colores)
donde me reveló sus incontables edades.

Noches después, cuando sus silencios ya no se llenaban con la danza de las madres,
nos reencontramos (el alien y yo);
varias veces, y en lugares distintos del bosque;
era un alien viejo, de sabiduría de la tierra y convirtió mi cuerpo en todo tipo de materia;
desde barro hasta madera,
desde humano hasta galaxia
y de vuelta a ser tierra.

Aterricé una noche sin estrellas.
El alien me llevó a una cueva de poderes místicos,
sin saber que el comienzo de la aventura
también sería la última partida.

El alien derritió mi cuerpo haciendo llover al cielo,
y me entregué a la tibieza de su cuerpo (que era espacio):
convirtiéndome en semilla que creció hasta ser un árbol.

¿Un árbol dentro de la cueva?

Y entre ese pensamiento discurrieron los segundos y las eras;
y la cueva permanecía poderosa mientras yo crecía, frondosa (¿o lumniosa?) cultivando los poderes de mis hojas de sauce.

Supe por la vibración del piso:
una esencia mística entra a tientas…”;
cercano a mi tronco, las ramas más bajas
dieron caricias a una cervatilla plateada y creció unas astas de robusta entereza; brilló en una profundidad azul de frialdad lumínica cuando arrancó un par de tallos de mi piel porosa.

A mis pies, con las eras, un lago había tomado forma, nutriendo mis oscuras raíces desde las que emergió una serpiente con lengua de fuego: escaló su camino hasta las lindes de mis hojas más tiernas,
allá en los (i)límites del firmamento de piedra.

Qué podría haber continuado, no puedo saberlo…

¿Acaso la cervatilla de plata
era una reminiscencia?

¿O la serpiente de fuego me diría
cómo reencontrar la tibieza?

Un rayó cayó y yo ya no era más el árbol /ni en la cueva había vestigio de vida.

Una tormenta bastó para desvanecer el ensueño; perdí mis ramas, la luz plateada, el calor de la serpiente. Desperté.

El alien se había coronado con los remanentes (¡imposibles!) de mis raíces oníricas para revelar un sendero de movimientos
en los cuales desvanecerse.

Cuando su última partícula hubo desvanecido,
volví en mí
y me encontré en el círculo danzante de las madres
pariendo un niño con ojos de cientos de colores.

Writer, saunterer, and tea contemplator. Stories get tangled among my hair and take the form of writings, poems and photography. Bilingual zealot.

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Isabel A Hermosillo

Isabel A Hermosillo

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